
“Una plaza, un airecito, una mirada y un juego compartido pueden cambiar el mundo interno más perdido, dando lugar a la esperanza”
Los lugares como las plazas, los centros comunitarios, los patios de instituciones se ofrecen como lugares seguros donde poder compartir aprendizajes con otros y otras. Si bien cuando hay un evento el encuentro es comunitariamente intencionado, las tardes en las plazas son también espacios de encuentro espontáneo donde se produce una oportunidad comunicacional lúdica en niños y niñas.
Los niños y las niñas, cuando se encuentran ante un grupo desconocido actúan tímidamente unos instantes, pero poco a poco van haciendo manada de juego entre ellos y ellas, es verdad que no todos ni todas, pero serán los impulsores de juego por naturaleza, quienes tengan mayor desarrollo en la socialización e irán contagiando paso a paso a paso al resto.
Los lugares de juego público son espacios que permiten que ampliemos la mirada psicopedagógica sobre lo que ocurre en el juego socioeducativo, como interactúan, que juegos eligen compartir y de cuales se alejan, cuanto tiempo perduran ante alguna propuesta u otra, si interactúan por si mismos o si hay algún/a adulto/a que medie para que eso acontezca.
Si bien el juego en espacio público puede darse mediante algún evento propuesto, como festejos, encuentros lúdicos, ludotecas itinerantes, etc.; también es cierto que pararse en la plaza a ver como intervienen niños y niñas que se desconocen, es una herramienta maravillosa del juego socioeducativo en la mirada profesional, porque con solo pararse unos instantes, podremos notar los diferentes intercambios que se dan, el lenguaje oral pero sobre todo el psicomotor que se presenta en ese encuentro.
El tipo de juego, las edades de intercambio, la comunicación verbal y gestual, la espontaneidad o falta de ella, la inclusión de lo desconocido o el aislamiento frente a eso, el animarse a explorar desde la corporeidad, los agrupamientos y sus sentidos.
Si es una propuesta pautada, la reacción frente a ella, los intercambios y su amplitud, los diferentes estados anímicos con los que se vivencia el juego, la posibilidad de una construcción colectiva de lo lúdico o la resistencia ante ello.
En fin, el juego en los diferentes espacios nos guía en lo que va a aconteciendo en ese niño o niña, pero también nos desafía a crear propuestas plurales, donde la singularidad tenga un valor social que nos invite a acompañarla.
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